Presentación

La figura de José Otero Abeledo, conocido artísticamente como Laxeiro (Lalín, 1908-Vigo, 1996) se enmarca en la Vanguardia histórica gallega, en la que, a principios de los años treinta, un inquieto grupo de jóvenes artistas e intelectuales, conocido como Los Renovadores, inició un proyecto de actualización estética, en el contexto de la figuración que en el período de Entreguerras recorría Europa.

Los Renovadores reaccionaron contra el costumbrismo regionalista y conectaron con el arte internacional del momento, dirigiendo su mirada hacia las culturas del norte de Europa, desde una idea de Galicia entendida como el límite hacia el sur de la Europa atlántica, conectada por siglos de intercambio a través del Camino de Santiago.

Laxeiro, nacido en la Galicia rural y tradicional y fascinado desde niño por las historias de vivos y muertos que escuchaba de su abuela, catalizó como pocos la visión del mundo desde la cultura popular gallega, a partir de la que construye una obra totalmente innovadora, que se va afianzando con los años, del lado de la pintura de pulsión, haciendo de la irracionalidad, de la pasión y del instinto, una de sus más características señas de identidad.

Desde estos planteamientos, comienza a construir una obra tenebrista -influenciada sin duda por el Goya de las Pinturas negras, por Rembrandt y por Gutiérrez Solana, además de por Zuloaga y Corredoyra, de quienes en su adolescencia, visitó dos exposiciones en La Habana que lo marcarían profundamente- diferenciándose así de la luminosidad de la España mediterránea, totalmente ajena a la experiencia visual gallega. En estos primeros años, al igual que el resto de Los Renovadores, buscará inspiración en la rica tradición escultórica gallega, sobre todo en el Románico y el Barroco, consiguiendo ese resultado tan característico que la crítica definió como estética granítica, caracterizada por una paleta cromática oscura y terrosa y una gran cantidad de pigmento, casi siempre aplicado con espátula, lo que da como resultado unos acabados con mucha textura y relieve, similares al granito.

En el bienio 1931-1933 reside en Madrid, como alumno libre de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, becado primero por el ayuntamiento de Lalín y luego por la Diputación de Pontevedra. Allí visita casi a diario el Museo de El Prado y por las noches asiste a las tertulias de café, donde conoce a intelectuales gallegos como Otero Pedrayo, Castelao, Vicente Risco y Suárez Picallo. Asiste también a la Granja del Henar, donde conoce a Gómez de la Serna, García Lorca, los hermanos Dieste y Valle Inclán. Esta experiencia le dará una cultura que se enmarca en el ambiente de la España republicana, con una sensibilidad muy próxima a la Generación del 27.

Fabulador excepcional, la temática de su pintura se compone frecuentemente de escenas telúricas, a medio camino entre la Galicia mágica, el esperpento valleinclanesco y la ensoñación de Álvaro Cunqueiro. Su predilección por la pintura de pulsión lo sitúa en esa línea estilística que recorre todo el siglo XX, que tendría su origen en los expresionismos alemanes y la Nueva objetividad, continuaría ya en la mitad del siglo, con movimientos como el Art brut, el grupo CoBrA y en España, con los grupos El paso y Dau al set y, ya en el último tercio del siglo pasado, con los Nuevos Salvajes alemanes y los diversos neoexpresionismos que surgieron en el contexto de la posmodernidad. Todos ellos, movimientos que, desde diferentes ópticas, se situaron frente al arte analítico que constituiría el otro gran hilo conductor de la pintura a lo largo del siglo XX. A pesar de este posicionamiento tan claro frente a la pintura analítica, Laxeiro asimila también los hallazgos del cubismo y la pintura geométrica, a través de la obra de sus admirados Picasso y Joaquín Torres García, llevándolos al terreno del gesto para producir, sobre todo en la década de los años sesenta y setenta, una obra cercana a la abstracción que se caracteriza por una suerte de geometría orgánica, en la que su inconfundible trazo compone imágenes dominadas por la línea curva, de una gran sensualidad y calidez, frecuentemente en composiciones desbordantes, fruto de otra de sus señas de identidad: el horror al vacío, cuyo origen radica en su admiración por el Barroco gallego, pero también –como dice José Ruibal- en lo que el historiador francés Henri Focillon denominó ley del máximo contacto, y movimiento encadenado que, a través del arte Románico, invadió Europa desde Oriente, sentando las bases del arte occidental.

En 1942, después de una breve estancia en Pontevedra, como profesor de plástica en el Instituto Valle Inclán, se instala en Vigo. Trabaja sin descanso en su proyecto renovador, mientras subsiste haciendo retratos de encargo de la floreciente burguesía industrial de la ciudad y expone ya con regularidad en Vigo, Santiago, Bilbao y Madrid. En Vigo dará por concluida su etapa granítica con la realización de la obra titulada Trasmundo, de 1946, que se puede ver en esta colección.

En 1951 viaja a Buenos Aires para participar en la exposición titulada Artistas gallegos, organizada por su amigo Luís Seoane, por encargo del Centro Gallego de Buenos Aires, en la galería Velázquez. Buenos Aires le fascinará hasta tal punto que fijará allí su residencia hasta 1970.

En 1951 se establece en Buenos Aires, donde residirá hasta 1970. Este período marcará su estabilidad profesional y provocará un giro radical en su obra. Abandona la idea de estilo único y comienza a experimentar con lenguajes más informalistas, cercanos a corrientes internacionales como el Art brut o el grupo CoBrA. Su pintura se esquematiza, hasta llegar a la bidimensionalidad, la paleta cromática se aclara y su lenguaje se acerca a la abstracción. Contacta, por un lado, con el mundo intelectual y artístico del exilio gallego y por otro, con los artistas argentinos más innovadores. Se integra en el sistema del arte argentino, trabajando con galerías de prestigio y en 1964 es elegido vicepresidente de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos.

En 1970, después de la gran retrospectiva que le dedica la Art Gallery International en Buenos Aires, regresa definitivamente a España, donde montará estudio en su Lalín natal, en Vigo y en Madrid.

En estos años Laxeiro goza ya de un prestigio indiscutible y comienza a recibir homenajes y reconocimientos, además de llevar a cabo una intensa labor expositiva. Su obra, fiel a la ruptura del estilo único compaginará líneas estéticas diferentes, desde una revisión de su figuración granítica, hasta un expresionismo, cercano a la abstracción, una obra que, en su conjunto, lo mantiene como pintor de referencia entre los artistas gallegos del momento, hasta el punto de que, en 1981, el grupo Atlántica organiza una antológica de su obra, como reconocimiento a toda su trayectoria, titulada Érase una vez Laxeiro.

En 1996 fallece en Vigo a la edad de ochenta y ocho años, después de la inauguración de la antológica en el Centro Galego de Arte Contemporánea de Santiago de Compostela, que se expuso también en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid.

Fundación Laxeiro

La Fundación Laxeiro fue constituída legalmente el 23 de febrero de 1999 por acuerdo del Ayuntamiento de Vigo y de la Familia del pintor siendo declarada por las consellerías de Presidencia y Administración Pública y de Cultura, Comunicación Social y Turismo, de la Xunta de Galicia, de INTERÉS CULTURAL y de INTERÉS GALLEGO respectivamente.

Fundación Laxeiro © 2019 All Rights Reserved Policarpo Sanz, nº15, 3º - 36202 - Vigo - Tel/Fax.: 986 438 475

Aviso Legal | Política de Privacidade | Panel de Control | Contactar

Deputación de pontevedra Xunta de Galicia: Consellería de Educación e Ordenación universitaria

Fundación Laxeiro Concello de Vigo