Trabajos verticales de Juan Ortí

El próximo viernes, 18 de octubre la Fundación Laxeiro inaugura la exposición que compone la tercera entrega del ciclo Entre mares que, en colaboración con Collblanc, espai d’art de Castellón, lleva, por tercer año consecutivo, posibilitando el intercambio de artistas de Galicia que muestran su trabajo a la Comunidad Valenciana, en el espacio Collblanc, y artistas valencianos que muestran su trabajo en la Fundación Laxeiro.

Se puede ver un pequeño reportaje de la exposición en el programa Zigzag diario de la TVG, emisión del 27 de noviembre, minuto 08:40

En esta tercera edición, la exposición que se podrá ver en la Fundación Laxeiro nos trae a Vigo el  proyecto titulado Trabajos verticales del artista nacido en Galicia y afincado en Valencia Juan Ortí (A Coruña, 1974).

 

El PROYECTO

 

Trabajos verticales es la materialización de un trabajo de investigación que ha llevado a Juan Ortí a una síntesis en la concepción formal de su escultura. Compuesta por siete piezas de cerámica blanca, realizadas con la técnica del modelado en torno, Trabajos verticales parte de las formas arquitectónicas industriales, como los silos de almacenamiento de cereal y harinas (de los que en Vigo tenemos un magnífico ejemplo en el edificio de La panificadora) para realizar un proceso de eliminación de aquellos elementos superfluos, y descubrir la forma esencial de esas estructuras que, desde finales del siglo XIX, han sido un elemento identificativo del territorio en extensas zonas de la geografía española, símbolo de un modelo productivo y económico, a la vez que iconos conformadores del paisaje.

 

Partiendo de la arquitectura, Juan Ortí se ocupa de problemas inherentes a la problemática formal de la escultura y su relación volumétrica con el espacio. Conceptos que podemos resumir en pares de opuestos como: vertical/horizontal; interior/exterior; abierto/cerrado; o monocromo/policromo, son abordados en este trabajo desde una concepción esencialista que elimina todo ornamento y que, inevitablemente, nos remite a autores seminales de la modernidad como el arquitecto Adolf Loos, quien en su célebre texto titulado Ornamento y delito (1908) hace todo un manifiesto de su concepción arquitectónica e inaugura un período en el que la idea de función será el elemento que rige, casi exclusivamente, sus creaciones arquitectónicas. Edificios como el Café Museum (1899) o la Casa Steiner (1910), ambas en Viena, ilustran esta concepción discursiva que sería determinante en el desarrollo de la arquitectura durante todo el siglo XX.

 

Juan Ortí propone así una obra despojada de toda anécdota (ornamento) para centrarse en una morfología de lo esencial que, en este caso, resuelve con elementos modulares en forma de cilindros y prismas rectangulares, cuyas relaciones entre sí y con el espacio, unas veces neutralizan y otras, acentúan diversas tensiones que hallan e la verticalidad su punto de equilibrio.

 

Son piezas cerradas que, por su reminiscencia arquitectónica prometen un espacio interior que, sin embargo es negado al espectador, como lo es también en las arquitecturas industriales de las que hablábamos más arriba, cuando nos desplazamos por el territorio y divisamos esas edificaciones como esculturas monumentales integradas en el paisaje.

 

El color blanco acentúa esa austeridad formal, símbolo para Adolf Loos de una madurez cultural que el autor austríaco opone al ornamento, un recurso definitorio, según él, de culturas poco evolucionadas que encuentran en lo accesorio respuestas a los interrogantes que no pueden resolver mediante la vía de la razón.

 

Existe en la obra de Juan Ortí una evidente reminiscencia del mundo platónico, al traer al mundo de la experiencia física, las formas abstractas perfectas que, para Platón eran formas ideales a las que, con más o menos fortuna, se aproximaban las formas del mundo real.

 

Juan Ortí lleva esta idea a la confrontación con el racionalismo y la funcionalidad, introduciendo un interesante debate entre lo real y lo ideal. El color blanco impoluto que utiliza, acentúa esa idealización de las formas que, sin embargo, contrasta con la textura del material utilizado, el barro, anclando así a cada pieza en el mundo real.

 

El resultado final de todas estas reflexiones es una escultura aparentemente fría y silenciosa que desprende, sin embargo, una nada despreciable potencia expresiva, mediante la utilización de un lenguaje plástico contenido, parco y sólido, en el que cada elemento es imprescindible para la comprensión de la totalidad de cada una de sus esculturas.

 

 

El artista

 

Hijo de la pintora gallega Ana García Pan (A Coruña, 1951) y del escultor valenciano Vicente Ortí (Torrent, 1947), Juan Ortí creció muy familiarizado por la creación artística, un entorno que, de tan natural para él, en un principio no consideró como su camino a seguir.

 

Comenzó estudios de Diseño Industrial y fue ahí, donde, después de conocer a Enric Mestre (Alboraia, Valencia, 1936), se planteó el arte como el ámbito de su desarrollo profesional. Abandona sus estudios de diseño industrial y comienza a estudiar cerámica artística a las órdenes del maestro recién descubierto.

 

Enric Mestre es una figura esencial en la cerámica contemporánea española que goza además, de gran prestigio internacional. Para Juan Ortí fue, por tanto, toda una revelación conocer al maestro y poder trabajar a su lado, primero como alumno y luego, como ayudante. Actualmente sigue colaborando con él y el propio Ortí reconoce que “técnicamente se lo ha enseñado todo y estéticamente, todo su trabajo arranca del concepto de forma de Enric Mestre”.

 

El interés por la arquitectura irrumpe en la obra de Juan Ortí como una curiosidad natural hacia una manifestación que aúna lo funcional y lo estético y que es llevada a cabo, a lo largo de la historia, no solo por arquitectos profesionales, sino también por diferentes colectivos, como campesinos, ganaderos y artesanos que, a partir de la necesidad de cobijo, han desarrollado un saber milenario que para Ortí ofrece mucha información acerca de la historia universal de la cultura y plantea una de las constantes en su obra: la relación entre lo necesario y lo gratuito o, dicho e otro modo, el proceso de construcción de discursos estéticos a partir de necesidades utilitarias.

 

CICLO ENTRE MARES

 

Nacido, como decíamos, de la colaboración entre la Fundación Laxeiro y Collblanc, espai d’art, este programa de intercambio entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, busca visibilizar el trabajo de artistas más allá de su ámbito geográfico cotidiano y confrontar dos cosmologías que, ya los artistas e intelectuales de nuestra Vanguardia histórica (Laxeiro, Seoane, Maside, Colmeiro, Dieste…) contraponían, identificando la inmensidad de la Mar Océana con el mundo de la oscuridad y la ausencia de límites, es decir,  con lo desconocido, lo irracional, lo pasional, lo excesivo y lo mágico, e identificando el mediterráneo, con sus límites perfectamente conocidos, con el mundo la luz y, por tanto del conocimiento racional  y de la armonía.

 

Han colaborado en ediciones anteriores:

 

2011. Entre mares I

Fundación Laxeiro: Pepe Beas (Castellón)

Collblanc: Mar Vicente (Lugo)

 

2012. Entre mares II

Fundación Laxeiro: Eduardo Alonso (Valladolid, afincado en Valencia)

Collblanc: Din Matamoro (Vigo)

 

2013. Entre mares III

Fundación Laxeiro: Juan Ortí (Valencia)

Collblanc: Tono Carbajo (Vigo)

 

Fundación Laxeiro

La Fundación Laxeiro fue constituída legalmente el 23 de febrero de 1999 por acuerdo del Ayuntamiento de Vigo y de la Familia del pintor siendo declarada por las consellerías de Presidencia y Administración Pública y de Cultura, Comunicación Social y Turismo, de la Xunta de Galicia, de INTERÉS CULTURAL y de INTERÉS GALLEGO respectivamente.

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