FICHA TÉCNICA
Título: Espantallos 2012 – 2025
Artistas: Manuel Sendón
Comisariado: Manuel Sendón / Javier Pérez Buján
Tipo de obra: fotografía
Inauguración: miércoles, 11 de febrero de 2026
Clausura: domingo, 10 de mayo de 2026
Lugar: Fundación Laxeiro. Rúa Policarpo Sanz, 15, 3º, Vigo
EL PROYECTO
Espantallos 2012-2025 nace cuando Manuel Sendón se da cuenta de que los espantapájaros que él había fotografiado entre 2012 y 2014, tienen una vida más larga de lo que cabría esperar. Sendón cambió su mirada y, donde veía objetos efímeros y frágiles, comenzó a ver personajes fuertes que iban cambiando a lo largo del tiempo con más o menos fortuna.
Al conferirles a estes espantapájaros una proyección a través del tiempo, Sendón incide, por un lado, en su status como personajes y, por otro, en su evolución, y conforma así tres historias con sus respectivas peripecias vitales. El desenlace no siempre se concreta en el hecho de morir, sino que también tienen cabida otras posibilidades como el hecho de resistir e incluso de resurgir.
La obra de Manuel Sendón, caracterizada a lo largo de su trayectoria por un interesante equilibrio entre lo documental y lo poético, pone el acento en este trabajo en el elemento narrativo, con el que nos propone una relectura de sus conocidos espantapájaros, después de hacer hincapié en la vivacidad del momento presente en proyectos como Cuspindo a barlovento, 2003; conferirle a su fotografía una marcada función evocativa, como en la serie Derradeira sesión, 2009; o de pararse en la extrañeza ante la potencia escultórica de los objetos que el mar devuelve a tierra, mostrado en la serie Crebas, 2007-2020.
Esta función narrativa, lejos de ser un fin en sí mismo, se presenta como un recurso expresivo mediante el que Manuel Sendón nos habla metafóricamente de la situación del campo en estos tiempos de auge del neoliberalismo más salvaje, en los que el mundo rural parece marchitarse, al mismo tiempo que continúa resistiendo de forma casi increíble.
La idea de deterioro y de decadencia material como símbolo del final de un período, otra de las características de la obra de Sendón, vuelve a estar presente en este trabajo y, con ella, podemos entender también una llamada de atención sobre la actual situación mundial, en la que las señales que anuncian el fin de una época parecen ser cada vez más evidentes.
Como ya había sucedido cuando presentó Espantallos en 2014, el proyecto incide sobre otras ideas que se evidencian en estas fotografías, como el recurso del reciclaje de materiales como un elemento totalmente integrado en las culturas rurales europeas desde siempre, por supuesto, mucho antes del auge del movimiento ecologista. Al hilo de esta cuestión, el autor comenta en el texto que acompaña la exposición el criterio diferente con el que a veces juzgamos una solución de reutilización de elementos cotidianos, como por ejemplo, una bañera convertida en abrevadero, que podemos admirar como una solución ingeniosa y sostenible o rechazar como un ejemplo de feísmo.
Otra interesante reflexión que propone el autor es la observación que hace sobre una cierta actitud estética que se adivina en la realización de los espantapájaros, en los que se pueden rastrear las diferentes autorías por las características expresivas y constructivas empleadas. Este desplazamiento de la funcionalidad a la recreación estética, es un elemento que Sendón quiere destacar, entre otras cosas, por la coincidencia de este proceso con ciertas estrategias del arte contemporáneo, consistentes en la re-contextualización de objetos (compact disc, cintas magnéticas, ropa, recipientes…) del mismo modo que Duchamp creaba sus célebres ready-made, una forma coincidente de utilizar los objetos desde dos mundos tan alejados como son el mundo campesino y el mundo de la creación artística.
LA EXPOSICIÓN
Desde el principio, el elemento temporal y narrativo marcó el montaje de la exposición, de manera que pronto se llegó a la conclusión de articular un montaje que potenciara una lectura secuencial de las imágenes de las tres series que conforman la totalidad de la muestra.
Esta solución en secuencia impuso también una presentación de las fotografías en un mismo tamaño de 50 x 50 centímetros y sin elementos externos a la propia imagen, como marcos, passe-partout, cristales, cartelas, etc., en la búsqueda de una lectura limpia que relacionara de una forma natural las imágenes de cada serie entre sí, casi como fotogramas.
Para potenciar esta visualización, se optó por utilizar una luz cálida e puntual que incidiera en cada una de las treinta y dos fotografías que conforman la exposición y pintar los paneles expositivos de un color gris casi negro, de forma que la combinación de todos estes recursos, propiciara una observación limpia y concentrada, sin elementos ajenos a las imágenes fotográficas, muy cercana a la experiencia cinematográfica.












