Visibilidad Mínima. Juan Adrio

Título: Visibilidad mínima

Artista: Juan Adrio

Comisaria: Vanesa Díaz Otero

Inauguración: viernes, 31 de octubre,  20.00h

31 octubre’14– 18 de enero’15

Ver entrevista en Espacio de arte de Correo TV aquí

Ver reportaje en Zigzag diario de la CRTVG aquí

 

El  31 de octubre la Fundación Laxeiro inaugura la exposición titulada Visibilidad mínima del artista Juan Adrio (Pontevedra, 1971). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Vigo, Juan Adrio es un fotógrafo singular que desarrolla su trabajo en los límites del lenguaje fotográfico, concretamente en este proyecto, la frontera entre la fotografía en blanco y negro y la fotografía a color; muy presente ya en la exposición titulada Tiempo gris que se pudo ver el pasado año en el Pazo da Cultura de Pontevedra, y también en este nuevo proyecto, Visibilidad mínima, en el que vuelve a abordar el paisaje, en una sutil serie de imágenes a color que, sin embargo parecen estar hechas en blanco y negro, debido a los momentos meteorológicos que el artista elige para capturar con su cámara.

 JUAN ADRIO. LA FOTOGRAFÍA DEL LÍMITE

Podríamos decir que el concepto de límite funciona como hilo conductor en su trabajo, como sucede con el proyecto titulado Mise en Scène, llevado a cabo en colaboración con los coreógrafos y bailarines Marielle Morales, Antía Díaz, Janet Novás y Guillaume Trontín, en el que Juan Adrio captó las imágenes de sus evoluciones coreográficas, con un sutil tratamiento entre la luz y la sombra o, lo que es lo mismo, entre lo visible y lo invisible. También en su proyecto titulado Mosaics, el artista aborda el límite de la fotografía, esta vez, con sencillas imágenes realistas de objetos cotidianos construidas a partir complejas combinaciones de miles de pequeñas fotografías de escenas pornográficas, señalando el límite entre la información liminal y subliminal e incidiendo en la diferencia entre la cantidad de información recibida y su decodificación por parte del espectador, en la línea de la teoría de la información enunciada por Claude E. Shannon (1916-2001) y Warren Weaver (1894 – 1978), a finales de los años cuarenta.

 

 

También en su proyecto titulado Tránsitos el artista aborda el límite de la permanencia en un lugar. En este caso, esa preocupación por el límite trasciende el lenguaje fotográfico para saltar al campo de la sociología, siguiendo las teorías de la Deriva de Guy Debord (1931 – 1994) y del no lugar de Marc Augé (1935). Tránsitos es un ejercicio de despersonalización del retrato que, en última instancia, incide sobre los límites de la identidad del individuo y, por extensión, sobre los límites de este género en el lenguaje fotográfico.

En su proyecto titulado Apariencias el artista aborda la idea de límite de la interpretación de lo que nuestros ojos captan de la realidad, incidiendo en la capacidad de las imágenes para crear una ilusión de la realidad que solo es la construcción de un relato ficticio y, con esto, el autor nos alerta sobre el estatus lingüístico de la fotografía, más allá de su aparente literalidad.

En su serie titulada Finisterre el artista avanza ya su preocupación por el paisaje, con una iconografía que se ocupa de los límites de lo visible y lo invisible y también, del límite entendido como frontera geográfica.

 

VISIBILIDAD MÍNIMA

Con este proyecto que ahora presenta en la Fundación Laxeiro, Juan Adrio profundiza en el ámbito del género paisajístico y lo presenta de una forma nueva en su trayectoria: en forma de proyección de todas las imágenes que conforman la serie, editadas como un vídeo mediante fundidos en blanco y sucesivas imágenes que pasan de ese blanco inicial, a la niebla que abarca toda la imagen y, progresivamente va descubriendo el paisaje que oculta: cumbres de montañas que se encuentran a ambos lados de la carretera de Vigo a Ourense.

Con una gran fuerza evocadora, Visibilidad mínima capta el paisaje en un tiempo (el invierno) y en un lugar (la carretera Vigo – Ourense) concretos. El resultado es una obra llena de sensibilidad, que exige un silencio (acústico y visual) para su observación, razón por la que la sala expositiva se transformó en un cubo negro –a la manera de una sala de cine- en el que se proyecta la sucesión de fotografías, en un formato a medio camino (otra vez la idea de límite) entre el lenguaje cinematográfico (proyección, secuencia) y el lenguaje fotográfico (plano fijo, estatismo, silencio). Como dice Vanesa Díaz Otero, comisaria de la exposición, Visibilidad mínima es portadora

de una estética que puede aproximarnos, por una parte, al arte de la estampa y el dibujo a tinta japonés, el Ukiyo-e y, especialmente, el Sumi-e, donde una representación mínima flota en el blanco mayoritario del papel y, por otra parte, también a otros trabajos contemporáneos como las fotos de nubes en las Equivalencias de Stieglitz, las nubes atrapadas en grandes interiores vacíos de Berndnaut Smilde, las series fotográficas de olas de Syoin Kajii con encuadres muy cerrados o las largas exposiciones del océano en Sugimoto.

Por todo esto, Visibilidad mínima es una invitación a una experiencia que, a través de la observación del exterior (el paisaje) en realidad, provoca un estado introspectivo, casi de meditación, en el que mediante cierta reminiscencia panteísta, en realidad, nos lleva a un viaje interior.

El proyecto se construye a partir de dos niveles de lectura, un primer nivel de índole formal que indaga sobre los límites del lenguaje fotográfico y su ambigüedad, concretado en las siguientes cuestiones:

– El tratamiento del color que, de forma muy sutil, el artista lleva al umbral de la fotografía en blanco y negro.

– La frontera entre la fotografía y el vídeo, con la presentación del trabajo en forma de proyección, ofreciendo un resultado híbrido entre estos dos medios, con todas las imágenes unidas a través de fundidos en blanco y su paulatina evolución hacia la concreción de las imágenes paisajísticas, conformando una secuencia.

– La dicotomía entre abstracción y figuración, tan familiar la género paisajístico, integrando en este caso las dos posibilidades de lectura, como consecuencia de la transición paulatina de las imágenes

El segundo nivel de lectura se ocupa del contenido, incidiendo en el paisaje, no tanto como construcción cultural, sino más bien como elemento de contemplación que paulatinamente, mediante la fascinación de las imágenes, nos invita a la introspección, anulando la separación entre el individuo y el mundo que ha configurado la forma de interpretar la realidad del pensamiento occidental.

El título del proyecto, Visibilidad mínima, hace referencia, por un lado, a las condiciones climatológicas en las que captó las fotografías que forman la exposición y que nos remiten a las condiciones de conducción en los días nublados, y también a la escasa visibilidad que proyectos como este suelen tener en el panorama artístico actual, en el que los medios de comunicación parecen primar las grandes exposiciones, en detrimento de los pequeños centros de arte, como la Fundación Laxeiro, que deben renunciar a la edición de publicaciones y demás documentación que contribuya a visibilizar sus programaciones, debido a la escasez de recursos.

JUAN ADRIO

Le interesa la fotografía, no tanto para documentar la realidad, como para provocar preguntas sobre el propio lenguaje fotográfico y sobre diversos aspectos de la existencia. Es por tanto un artista perplejo que, con un incontestable dominio técnico, se sitúa en las retóricas del extrañamiento, tan transitadas en el arte contemporáneo que, en el caso de Adrio, funcionan desde la fascinación por el hecho visual.

Su obra es una consecuencia de esta forma de entender el trabajo, en el que se aprecia una evidente calidad técnica y formal, a partir de las que incide en aquellos intersticios de lo ya sabido, del límite de la mirada, para sugerir nuevos caminos en la percepción, siempre desde un tratamiento formal con claros elementos de la tradición clásica de composición de la imagen que él lleva al límite, como ya comentamos más arriba.

Entre sus influencias e intereses, artistas como Joan Foncuberta, Vik Muniz y Thomas Ruff, están en esa línea del límite de la mirada que tanto le interesa. Un límite en el que también se contarían el norteamericano Todd Hido, sobre todo por su tratamiento de la luz; la finlandesa Tiina Itkonen, y su tratamiento del paisaje como un inmenso espacio de aislamiento; el israelí Ori Gersht, especialmente su trabajo sobre la recreación de lugares que fueron escenarios de episodios violentos durante la historia; el norteamericano Richard Misrach y su estudio del lugar, tanto formalmente, con sus extraordinarias panorámicas del paisaje, como por su preocupación por la relación del hombre con el entorno; el británico Nicholas Hughes, quien trabaja esta misma relación desde una visión reposada del motivo y un tratamiento de la sombra como moduladora de la visibilidad; o el brasileño Caio Reisewitz y la monumentalidad con la que trabaja sus paisajes.

En los últimos años su trabajo fue conformando un discurso propio que le valió, en 2012, el segundo premio en el Premio de Fotografía Fundación Aena, y participar en la exposición de su colección de fotografía, dentro del programa oficial de Photoespaña 2012 titulada Air_port_photo, junto a autores tan reconocidos como Chema Madoz, Alberto García Alix, Daniel Canogar, etc, lo que hizo que comisarios y críticos de fotografía a nivel internacional, se fijaran en su obra más reciente.

 Se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Vigo, en la que también obtuvo el Diploma en Estudios Avanzados. Años antes, Cursó el ciclo superior de fotografía artística en la Escuela de Artes Mestre Mateo de Santiago de Compostela y el ciclo superior de Diseño Gráfico en la Escuela de Artes Pablo Picasso de A Coruña. Actualmente realiza a su tesis doctoral.

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