Presentación

Sería imposible comprender la identidad del arte gallego del siglo XX sin tener presente la contribución de la llamada “vanguardia histórica gallega”. Uno de sus más destacados representantes fue el pintor José Otero Abeledo, Laxeiro. (Lalín, 1908-Vigo, 1996). Estos artistas fueron los protagonistas de una renovación plástica que superaba el regionalismo imperante, y situaba la identidad estética gallega en consonancia con las tendencias europeas.

Laxeiro supo encontrar la definición más precisa en la síntesis de las raíces y de los modelos que regían la conflictividad de un mundo de vanguardias constantes durante la primera mitad del siglo XX. Una síntesis que abarcaría todos los registros y todos los mitos, la densa antropología espiritual y material de Galicia que, a pesar de tener milenarias huellas escultóricas, no concretó su idiosincrasia pictórica hasta comenzado el siglo XX, de la mano de la “vanguardia histórica”.

Laxeiro resumió, desde los años treinta, la huella espiritual de la pintura atlántica con una capacidad de fábula tan prodigiosa y proteica que sólo podría tener antecedentes en otros gallegos como Valle Inclán o Cunqueiro; y con una espontaneidad para tocar nuevos lenguajes comparable a su admiración por el más genial de los artistas del siglo XX: Picasso.
Su capacidad de síntesis lo lleva a asimilar la tradición románica y barroca gallegas con el neoclasicismo picassiano, el expresionismo europeo y el Goya de las pinturas negras. Su constante horror vaqui, la exuberante generosidad de su trazo, su prodigiosa capacidad para el dibujo, la estética granítica, que será una de sus imágenes de marca y su constante inquietud por experimentar lenguajes jóvenes lo llevarán, a lo largo de su vida, paralela a la del siglo, a una sorprendente coincidencia con movimientos estéticos a los que algunas veces se adelantó sin saberlo, de tal forma que sólo un estudio diacrónico comparado con lo que pasa en el mundo y en España podrá acercarnos, en un futuro, a la realidad y a la grandeza de este artista decisivo en nuestra historia plástica.

En los años treinta y cuarenta, junto a otros compañeros de generación realiza una obra cuyas características se resumen en lo que la crítica llamó “estética granítica”, caracterizada por unos acabados texturados que daban a la obra un aspecto escultórico, en la mejor tradición de la escultura gallega, cuyo culmen podemos encontrar en el Maestro Mateo, autor del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago. Otras características de esta etapa son el horror al vacío (heredado de su admiración por el Románico y el Barroco religiosos del rural gallego) y un tratamiento de la luz muy próximo al claroscuro barroco, materializado en una paleta cromática compuesta por negros, tierras y ocres que lo emparentarán con toda la tradición de lo que se conoce como el “negrismo español”. La temática enlaza con la tradición de los ritos populares y una concepción de la realidad que integra lo sobrenatural como experiencia vivida, en convivencia con escenas pupulares esperpentizadas que conectan su obra con el Goya de las pinturas negras y, en lo literario con el esperpento de Valle Inclán y la rica fabulación cunqueiriana. Su pintura de estos años revoluciona el arte gallego, emparentándolo con movimientos como la vuelta la orden que, desde Alemania reivindicaba una figuración crítica, como respuesta a los movimientos de descomposición de la imagen de las primeras vanguardias históricas. El Picasso neoclásico y los primeras manifestaciones del expresionismo son otras de sus referencias en esta época.

En 1951 Laxeiro viaja a Buenos Aires, donde se asentará hasta 1971. En este período Laxeiro conecta con los movimientos de la pintura de gesto que proponían desde Francia (Art Brut ) y desde Centroeuropa (Grupo CoBrA) una renuncia a la pintura académica, buscando la inspiración en la pintura pasional y espontánea del mundo de los locos, de los niños y de las culturas primitivas, coincidiendo en algunos presupuestos con otros movimientos del momento como el expresionismo abstracto norteamericano o el informalismo europeo. En esta época su pintura evoluciona hacia formas más simples y orgánicas. Su paleta cromática se va aclarando hacia colores primarios y sus composiciones, en las que sigue persisitiendo el horror al vacío, se bidimensionalizan, llegando a hacer incursiones en la abstracción, sobre todo en el período de mediados de los años sesenta.

En 1972 Laxeiro vuelve a España y se instala entre Madrid, Vigo y su Lalín natal. Es referencia del movimiento Atlántica que, desde Galicia reivindica una pintura del gesto, en el contexto postmoderno de finales de los años setenta y principios de los ochenta, volviendo a coincidir con movimientos interancionales como Los Nuevos Salvajes que en Alemania recuperaron el primitivismo como expresión de un proyecto de renovación de la pintura.

En 2009 la Fundación Laxeiro está centrada en una  programación de tres exposiciones que combinan las dos líneas programáticas antes mencionadas (Ver programación 2009), así como la realización del Catálogo Universal del artista que, bajo la dirección de la Fundación Laxeiro, fue editado por Nova Galicia Edicións en diciembre de 2009.

 

Libreria Laxeiro

Fundación Laxeiro

La Fundación Laxeiro fue constituída legalmente el 23 de febrero de 1999 por acuerdo del Ayuntamiento de Vigo y de la Familia del pintor siendo declarada por las consellerías de Presidencia y Administración Pública y de Cultura, Comunicación Social y Turismo, de la Xunta de Galicia, de INTERÉS CULTURAL y de INTERÉS GALLEGO respectivamente.

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